Si a aquellos adolescentes que abarrotaban en 2006 los conciertos de Arctic Monkeys les hubieran asegurado que el líder de la banda aparecería en un escenario retocándose constantemente su engominado tupé, seguramente no hubieran dado crédito. Cinco discos de estudio después, giras multitudinarias, residencia fijada en Los Ángeles... poco queda de aquel joven aniñado que desgranaba ante el micrófono las letras de sus canciones a un ritmo trepidante




